sábado, 6 de diciembre de 2008

EN EL NOMBRE DE DIOS

Corria el año 1609 por una esplendida primavera.
Tirza (del griego, delicia) paseaba pausadamente por los montes de Buxanda, su pelo dorado como el trigo, revoloteaba mecido por el viento. De vez en cuando se agachaba y con un gesto casi infantil, recogia alguna flor, una ramita aqui, una seta alla, incluso algun insecto, para ponerlo de inmediato en la cesta que llebava colgada de un brazo.
Ya de vuelta a casa, mientras tarareaba una nana en el extraño idioma materno, oyo a su espalda el sonido de un carruaje.
Tirza se giro, conocia de sobras aquel carruaje con adornos en oro, escoltado por una veintena de guardias.
El carro se paro, la puerta se abrio, y alli aparecio la desagradable cara de Juan de Valle Alvarado, uno de los tres inquisidores de Logroño.
-Buenos dias señora
Tirza se inclino en un gesto de reverencia y le devolvio el saludo
-¿Que hace una mujer tan bella, sola por estos caminos?.
-Estaba recogiendo unas flores.
-¿Puede usted enseñarmelas?, me encanta la flora de esta region.
Ella le dio la cesta con la mano temblorosa.
Juan de valle Alvarado la miro como si quisiera atravesarla.
-¿Sabe que estas setas, son venenosas?
-No señor, no lo sabia, las he cogido por que su color, su color es, es precioso.
A Tirza no le dio tiempo ni de intentar salir corriendo, el inquisidor habia echo un gesto a sus guardias, y cinco de ellos cayeron en un santiamen encima de ella, la golpearon, la patearon, y una vez inmovilizada los cinco abusaron de ella.
Tirza no opuso mucha resintencia, sabia que su vida dependia de dejarlos hacer, despues la dejarian tirada junto al camino.
Cuando desperto, le dolia la cabeza, se la toco con la mano, tenia sangre, miro a su alrededor, pero estaba todo oscuro, solo un halo de luz penetraba por una diminuta ventana cruzada por fuertes rejas.
Alguien se acerco a ella,-¿como te encuetras pequeña? ¿quieres un poco de agua?
Tirza, que ya se le estaban acostumbrando los ojos a la penumbra, descubrio a una anciana con la cara llena de arrugas.
-¿Donde estamos?
-Bien bien no lo se, pero se que estamos en un castillo en algun lugar de Logroño.
-¿y por que me han traido aqui?
La vieja sonrio -aqui todos estamos acusados de brujeria.
Al dia siguiente fue interrogada por Juan de Valle y Alonso becerra, y le digeron que le dirian la sentencia cuando llegara el inquisidor que faltaba.
En la prision estaban encerradas casi cinco mil personas, y todas las noches quemaban en la hoguera a alguna de ellas.
Un mes despues llego el tercer inquisidor, Alonso Salazar. Llebava dieciocho meses estudiando todas las actas de los alli encerrados.
Una semana despues, y no sin mucho revuelo, se decidio absolver a todos los que estaban recluidos, por falta de pruebas.
Tirza volvio a su tierra.
Tirza paseo por el monte. En el recogio algunas cosas.
Y la primera noche de luna llena, mezclo pausadamente algunas de las cosas que habia recogido, las envolvio en un papel traido del lejano Egipto, y en el escribio ciertas palabras, despues, volvio al monte, y junto a un arbol que habia plantado uno de sus antepasados, prendio dicho papel.
Tirza se fue a casa, estaba feliz, la venganza estaba servida.
Ventiocho dias despues.
Noche de luna llena.
Alonso Becerra y Juan de Valle, aparecieron muertos junto a cinco de sus guardias. Nadie supo nunca cual fue la causa de sus muertes.



J.G.Barbey

martes, 2 de diciembre de 2008

LE LLAMABAN CHARLY

Aquí estoy, durmiendo con mi soledad. Esta extraña vida me maltrata, me humilla.
Hasta ayer, era feliz.
Hasta ayer, vivía con Natalia, llevábamos ocho años juntos, vivíamos y conviviamos intensamente, nos levantabamos a la misma hora, desayunabamos al unisono, después cuando ella iba al trabajo, yo me dedicaba a hacer mis cosas, dábamos largos paseos por el parque, ella acariciaba mi pelo mientras yo la besaba.
En verano, los fines de semana nos bañábamos en la playa, y en invierno en la montaña, jugábamos con la nieve. Nos queríamos, nos encestábamos el uno al otro.
Pero un día empezó a cambiar, llegaba tarde del trabajo, los paseos eran cada vez menos frecuentes, incluso su olor había cambiado.
Y aquí estoy, solo, en la calle, sin nada que llevarme a la boca, sin una cama caliente, y sobre todo sin Natalia.
Amenudo merodeo por los contenedores que hay detrás del supermercado, pero hay otros como yo, y tengo que pelear con uñas y dientes por un trozo de basura.
Ya han pasado dos meses, estoy muy delgado, mi andar es famélico, estoy sucio, y los parásitos me chupan la poca sangre que corre por mis venas, pero aun y así, voy cada día al parque, quizá vea a Natalia, y se apiade de mi, pero nunca ocurre, es como si se hubiera esfumado.
Hoy voy paseando apesadumbrado junto al edificio de la universidad.
Dos muchachos se acercan a mi, yo los miro humildemente, (tienen cara de buenos chicos) a lo mejor me dan algo, y si, si que me dieron, uno de ellos tenia un palo en la mano, y comenzo a darme palos en la espalda, mientras el otro me pateaba la boca, mucha gente pasaba por allí, pero nadie hizo nada, logre zafarme y salir corriendo, pero me lanzaron el palo y me golpearon en la cabeza.
Horas después me desperté tumbado en una camilla, un doctor estaba curando las múltiples heridas, mientras me decía cariñosamente, tranquilo, tranquilo te pondrás bien. Cuando termino de curarme apareció un hombre con uniforme, me cogió en brazos y me subió a un camión.
tres horas mas tarde me hallaba encerrado en una pequeña habitación.
Transcurrieron muchos días, no se cuantos, no me trataban muy mal, me daban de comer tres veces al día, y un cubo de agua limpia todas las mañanas.
Un día mientras hacia la siesta después de comer, oí una voz, al abrir los ojos, vi a la mujer mas hermosa que jamas me pude imaginar, estaba detrás de las rejas mirándome, a su lado el hombre del uniforme, ella se giro gracilmente y le dijo ESTE, el hombre del uniforme le contesto, esta usted segura señora, ella asintió repetidas veces con la cabeza.
Ella se llama Sandra.
Ahora todos los días paseamos juntos por el parque, me quiere mucho y yo a ella también, me ha comprado un collar nuevo, y una correa de esas que se estiran y me dejan andar tres o cuatro metros delante de ella.
Ahora los dos somos felices, ella estaba sola y yo también.

POR FAVOR NO SEÁIS ANIMALES
NO ABANDONEIS A VUESTRAS MASCOTAS
ELLAS OS QUIEREN SIN CONDICIONES


J.G.Barbey