sábado, 15 de noviembre de 2008

SIN ESPERANZA NO HAY FUTURO

Allí estábamos, mama, papa, y yo. Era un gran día, papa decía que donde íbamos, tendríamos una casa para nosotros solos, y que en una habitación, había una cosa que dándole vueltas salia toda el agua que querías,¡y sin parar, si, si toda la que quisiera!.
Cuando el sol estaba justo encima de nosotros, nos toco embarcar, el barco no era tan grande como me había dicho papa, y eramos muchos, mas de los que vivían en mi pueblo. A mama, que hacia un tiempo le había salido un bulto en la barriga, le costo subir, pero mi padre tan amable como siempre la ayudo. Fuimos los primeros en subir, y nos sentamos al principio del barco. Yo ya tenia ganas de llegar, aunque papa me había dicho que quizá tardáramos cuatro o cinco días.
Todo el mundo reía, y cada cierto tiempo cantaban una canción que decía algo sobre la esperanza.
Esa misma noche, y cuando todo el mundo quedo dormido, papa me miro, y me hizo ese gesto que hacen los mayores para que los menores se callen, poniéndose el índice verticalmente sobre los labios, después desenrollo un hilo de pescar que llevaba al rededor de su cintura, saco el pellejo de cabra que tenia escondido bajo sus piernas, y de el extrajo un trozo de pescado seco, lo partió en trozos pequeños con el machete, y pincho uno en el anzuelo, para después lanzarlo al mar. Yo no entendía que después de estar todo el día sin comer, tirara la única comida que teníamos al mar, pero no me atreví a decir nada.Ya había tirado casi la mitad, cuando el sedal como por arte de magia cobro vida. Mi padre tiraba con fuerza, y pocos minutos después, sacaba un pez tan grande como mi brazo. Le corto la cabeza, y la guardo en el pellejo de cabra, le dio a beber la sangre a mi madre, para acto seguido cortarlo en tres trozos, después me quede dormido.
Al quinto día la gente empezó a discutir, a pelearse, muchos, casi mas de la mitad cayeron al agua, nadie hizo nada por ellos, ya nadie cantaba aquella alegre canción , solo se oían lamentos, no quedaba agua dulce, ni comida, ni esperanza. Solo mama y yo, y solo por la noche, bebíamos la sangre de los pocos peces que papa pescaba, el no bebía, decía que estaba bien.
Al décimo día, de madrugada, mama comenzo a gritar mientras se cogía con las dos manos aquel bulto que tenia en la barriga, hacia frío, pero ella estaba sudando, y parecía que le costaba respirar.
Unas horas después, ya no sudaba, ni gritaba, ni respiraba.
Papa pedía ayuda, pero nadie se movió, nadie ya respiraba. Entonces me miro serio y me dijo, a partir de hoy debes de ser un hombre, y acto seguido con su machete corto la barriga de mi madre por la mitad, introdujo sus manos al tiempo que me pedía que cortara un poco de sedal y un trozo del vestido de mama, mientras el de rodillas parecía agotado.
Una hora después papa cayó al agua. Pero antes me había entregado algo, envuelto en la chaqueta de una de las personas que estaban muertas en el barco, y diciendome casi sin fuerzas, esta es tu hermana, es tu deber cuidarla.
Llevaba dos días pescando, y dándole de beber la sangre de los peces a aquella maravillosa criatura, cuando divise tierra.
Comencé a cantarle a mi hermana aquella canción de esperanza. En la playa habían cuatro personas, hablaban mi mismo idioma, eso era raro por que mi padre me había contado que la gente que vivía en donde íbamos era muy diferente a nosotros. Me preguntaron mi nombre y de donde era, nos montaron en un viejo carro tirado por bueyes, medio día después llegábamos a un pueblo. Aquel pueblo se parecía mucho al mio, pero yo estaba contento, por fin llegaba a la tierra de la abundancia. El carro se paro delante de una casa, se parecía mucho a la mía, de ella salio mi abuela.
El mundo se me cayó al suelo, mis negros brazos cubiertos de salitre de la brisa marina, temblaban, casi se me cae mi hermana al suelo.
Tantas penurias pasadas, tantas perdidas, para que al final mi destino, fuera el principio.




Oraca Salem, aquel niño negro y su hermana, dos años después, volvieron a hacer
la travesía.
Ahora Oraca vive en barcelona, trabaja de cocinero en un hotel.
Su hermana a la que llama montserrat, estudia medicina en la universidad.

AL FINAL SI HAY ESPERANZA

J.G.Barbey