miércoles, 20 de agosto de 2008

Sus gritos retumbaban en todo el edificio, cada vez eran mas estridentes y esquizofrenicos, sus ojos parecían que se iban a salir de las órbitas, giraban a un ritmo frenético, mientras con sus puños ensangrentados golpeaba una y otra vez las paredes de la sala al tiempo que maldecia a todos los dioses habidos y por haber.
Yo sentado en un rincón de aquella habitación, me sentía impresionado, jamas en mi vida me había encontrado en una situación semejante, no sabia que hacer, estuve tentado de actuar, pero el miedo a que la mujer se hiciera mas daño, o incluso que me pudiera lastimar a mi, hizo que me quedara pegado a la incomoda silla.
A un metro de mi, un hombre llorando de rodillas, rezaba sin parar, ausente a los gritos de aquella mujer, las lágrimas se deslizaban por ambas mejillas como los rápidos de un río, golpeando en su abultado estomago, para después caer siempre justo en la misma baldosa, pero lo mas curioso era que cada vez que una de las gotas chocaba, mi cabeza temblaba, como si mi cerebro latiera al compás de las lágrimas.El suelo comenzaba a encharcarse. ¿podía una persona llorar tanto? Fue en ese instante de hacerme la pregunta cuando me fije en sus pantalones, el individuo se estaba orinando.
Por el pasillo, dos celadores corrían en nuestra dirección, uno de ellos ocultaba muy poco disimuladamente una jeringuilla, el otro asió fuertemente a la encolerizada señora mientras su compañero le administraba el sedante, la mujer todavía grito dos o tres veces mas, después sus músculos fueron flogeando hasta casi desvanecerse, ya solo se apreciaba un débil susurro, decía algo parecido a un hijo de no se que.
Al tranquilizarse la situación, mire interrogativo a uno de los empleados del hospital, este se acerco, la tiempo que con su mirada me señalaba la habitación sita justo en frente del hombre que rezaba de rodillas, y susurrandome al oído me dijo "alguien a violado a su hijo y después lo ha degollado."
A la señora se la llevaron en una camilla, al hombre lo convencieron que fuera a tomar algo.
Allí me quede solo, medio mareado y con todo el vello de mi cuerpo electrizado, mirando mis viejos zapatos.
Fue entonces cuando ocurrió.
Mi cuerpo se levanto como un resorte, comencé a temblar.
De la habitación donde el celador me había insinuado que se encontraba el cuerpo del niño, se oían gemidos, mire en todas direcciones buscando ayuda, pero estaba solo.
Me acerque tembloroso, entre y cerré la puerta tras de mi, la habitación estaba a oscuras, mis ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse, allí, sobre una camilla yacía el pálido cuerpo desnudo, en su cuello una perfecta linea color carmesí,la cuenca de los ojos y las uñas casi de color negro, sus delicadas orejas casi transparentes.
Cogí una de sus delicadas manos.
El crió abrió los ojos.
Quería correr, quería gritar, pero la lúgubre mirada del niño me tenia paralizado.
-¿Ya no te duele la espalda Rafael?
Era cierto, estaba en el hospital por un fuerte dolor de espalda, pero como sabia el eso, yo no lo conocía, no lo había visto en mi vida.
Comencé a llorar, estaba muerto de miedo.
-¡Que quieres de mi, porque me haces esto!
-Necesito que me hagas un favor.
No podía terciar palabra, asentí con la cabeza.
-El que me ha echo esto es el cerdo de mi padre, por favor diselo a mi madre, ella cree que es un buen hombre, pero no es la primera vez que lo hace.
El infante cerro los ojos, me soltó la mano, y todo quedo en silencio.
Salí corriendo de la oscura habitación, comencé a vomitar, corría y corría por el pasillo, y mientras miraba mis viejos zapatos llenos de lo que había comido al mediodía me desperté.
Ja, ja, ja


J.G.Barbey