viernes, 31 de octubre de 2008

LAS MENINAS

Estoy sentado frente al ordenador, escribiendo unas poesías que se me han ocurrido esta mañana mientras trabajaba, miro por la ventana, llueve, hace días que no cesa, la montaña que me resguarda del viento esta empapada, los arboles se ahogan mientras me miran, y la hierba nada entre los pequeños charcos que se han formado.
Cuando mis dedos vuelven a juguetear con el teclado, las luces de la lampara, tiemblan como si tuvieran parkinson, y en cuatro temblores mas, se apagan.
¡Joder, ahora tiene que irse la luz, me cago en..........
Me levanto a tientas por el escritorio. No se ve ni torta.
Noto como si alguien rozara mi nuca, y me susurrara algo ininteligible al oído, me pego a la pared justo donde esta la reproducción del cuadro de las meninas, con la diestra intento encontrar el interruptor, por si acaso, estoy empezando a sentir miedo.
Y justo cuando empiezo a notar un sudor frió, justo en ese instante, vuelve la luz.
Doy un gran suspiro, al tiempo que me averguenzo de mi mismo.
Pero es cuando miro la frente, cuando empieza otra historia.
Delante mio, el gran espejo. Lo miro, y me veo reflejado, con el cuadro de las meninas a mis espaldas.
Una de ellas, la que parece tener síndrome de down, me tiene cogido por los pelos, mientras el perro muerde mi cuello, las otras cuatro bailan, como enloquecidas por el olor a oleo.
Logro zafarme, no sin mucho esfuerzo, me giro, y comienzo a recular sin perder de vista el cuadro, y sigo reculando hasta que mi espalda nota el helor del espejo.
Alargo la mano cogiendo la silla que hay a mi izquierda, y la levanto para destrozar la pintura,
pero en ese instante noto un pinchazo en la espalda, al tiempo que veo en el espejo que hay pintado en el cuadro, a Felipe IV y a Mariana como ríen despiadadamente.
Doy un giro de trescientos sesenta grados todavía con la silla en alto, y descubro para mi asombro, que en el gran espejo esta Velazquez, me ha clavado el pincel, su diestra esta llena de sangre.
Mis piernas empiezan a flogear, noto como la vida se esfuma, caigo de rodillas, y la silla que todavía estaba alzada, cae sobre mi cabeza, abriéndome una gran brecha. Me tumbo sin fuerzas en el suelo.
Las luces de la lampara, tiemblan como si tuvieran parkinson, y en cuatro temblores mas se apagan, para no encenderse jamas.


J.G.Barbey

FELIS JALOBUEN

4 comentarios:

Javier dijo...

No lo dudes, Doña Marcela de Ulloa, la que está detrás de doña Isabel y va adornada con tocas de viuda ya que enviudó de Don Diego de Portocarrero, es la que ideó todo el plan. La reproducción del cuadro de las Meninas que compraste si te encuentra sólo la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre te matará y eso es lo que te ha pasado.

La maldición seguirá hasta que una gota de sangre de alguna de sus víctimas se vierta en la cruz de Santiago que luce Velázquez en su torso.

Pero no te preocupes, las luces no se encenderán más porque se han fundido pero Doña Isabel de Velasco, hija del conde de Fuensalida que contrajo matrimonio con el Duque de Arcos, la otra menina, está al otro lado, en pie, vestida con la falda o basquiña de guardainfante, en actitud también de hacer una reverencia te salvará y te permitirá seguir añadiendo artículos tan fantásticos a este blog que seguro que cada vez lo leerá más gente.

sandrita dijo...

Me ha encantado esta historia de enloquecimiento con ciertos tintes gore -¿podríamos calificarlo así?

Joana dijo...

Muy buena, si señor!

Lilou dijo...

Ha sido muy divertido... aunque yo eso lo atribuyo a la falta de sueño, chapó!